viernes, 27 de marzo de 2015

¿Qué pasó?...

Ven. Siéntate frente a mi, y a ser posible cógeme de la mano.

Vamos a hablar como las personas, sin esconder lo que sentimos. Sacaré la poca valentía que me queda en este corazón y te diré que me duele. Tú me dirás lo que ocurre, todo lo que se te pasa por esa mente maravillosa, y entonces descubriremos qué es lo que pasa, o lo que pasó.

Tengo un nudo en la garganta, pero no quiero deshacerlo porque eso supone llorar. Quiero ser fuerte ahora que estoy frente a ti, poder decirte todo lo que siento sin tener que hacer pausas para limpiarme las lágrimas y que el mismo nudo en la garganta no me deje hablar y expresarme. Me gustaría no tener que hablar de este tema de nuevo, pero lo siento, a día de hoy me sigue alterando el sueño.

Tú me miras preocupado. Sabes perfectamente de qué voy a hablarte, y eso te preocupa, pero quieres que salga de mí misma. Me preparo mentalmente para decírtelo todo, sin parar. Necesito decírtelo y zanjar de una vez ésto. Me resulta muy doloroso, y surge un dolor en el centro de mi pecho.

Me coges de la mano, pero yo aprieto más fuerte. Observo cada uno de tus rasgos antes de decirte nada, quiero quedarme con ellos. Te digo que espero que entiendas por qué no te he comentado esto antes, que siempre tengo miedo de perderte. Me vuelves a repetir que sea lo que sea, no será una razón para dejarme. En parte me tranquiliza, en parte no.

Las lágrimas están a punto de caer desde mi oscura mirada hacia mis mejillas un poco sonrosadas. Miro nuestras manos, me quedo con esa imagen grabada a fuego en mi mente por si acaso no la vuelvo a ver.

Y, posando mi mirada en la tuya, te pregunto con todo el pesar de mi alma. ¿Qué pasó?

Tú, inmóvil, te quedas mirándome como si hubiera dicho algo raro. Quizá no sepas de lo que hablo, pero sé a ciencia cierta que sí.

¿Qué ha pasado en ti, amor? ¿Qué pasó que todo cambió? Esa pregunta lleva rondando mi liada cabecita durante bastante tiempo. Mi corazón no logra entender qué es lo que ha ocurrido entre nosotros para que todo se torne diferente. Sí, nos queremos, de eso no hay duda. Yo te quiero, mucho, muchísimo. Sé que tu a mi también, pero a veces no me queda del todo claro cuánto me quieres. A veces pienso que te has ido desilusionando conmigo, A veces pienso que no me quieres tanto como antes, aunque yo no haya hecho nada como para que ocurra eso. Trabajo duro cada día para enamorarte, para que tengas claro al máximo que quieras quedarte cada día de tu vida conmigo, como yo contigo. Yo ya lo siento, ¿y tú?

Sigo cada día escribiéndote cosas que salen directamente de mi corazón, calentándome la cabeza para decirte cosas bonitas, junto con todo lo que siento por ti, y la diferencia radica en que noto que el efecto que tienen sobre ti no es el mismo. Antes tratabas de contestar con algo parecido, diciéndome tus sentimientos, llenándome de palabras que me dejaban sin palabras disponibles. ¿Por qué ahora no tienen el mismo efecto en ti? Dime, ¿he hecho algo malo? ¿ya no te gusto como antes? ¿me quieres menos que cuando empezamos?...

¿Qué pasó para que perdieras las ganas de decirme esas cosas que me encantaban de ti?

No consigo contenerme, y ves que empiezo a llorar de forma desconsolada. Me dices que no llore, e intentas limpiarme una de las lágrimas de mi mejilla con tu dedo pulgar. Me das un beso, pero no sabe igual que antes. Sé que algo ha cambiado y no sé por qué no me lo quieres decir. Dime si ya no me quieres como antes, dime si ya no te gusto o ya no soy aquella chica maravillosa que encontraste, para ti.

¿Por qué ya no imaginamos cosas del futuro como antes? Hace poco tiempo nos encontrábamos en la madrugada, y nos poníamos a imaginar un futuro, una casa, una vida, una familia. Era pronto para hacerlo, pero a nosotros nos gustaba la sensación. ¿Qué ha cambiado para que ya no hagamos esas cosas? Sabes que yo estoy más que dispuesta, pero no te veo con ganas.

Me duele verte así.

El dolor se agolpa en mi corazón y me hace llorar más violentamente.

Te cojo fuerte de las manos, las agarro contra mi pecho y te miro directamente a los ojos, aunque apenas vea claramente por las lágrimas. Dime por favor qué es lo que ha cambiado en ti, dime que ya no soy esa que te quitaba el sueño, que ya no me quieres como antes y que no tienes las mismas ganas de estar conmigo, pero dímelo ya. Dímelo sin tapujos, pero dímelo ya. No me digas que sigues igual, de verdad. No es así, y lo sabes.

Y ahora, me gustaría que todo se tornase a una situación mejor, que me dijeras cuánto me quieres y que no quieres separarte de mí por nada del mundo. Dime esas palabras que curan el alma, esas que tú sólo sabes. Abrázame fuerte y no te separes jamás, pero dime la verdad. Bésame en la frente, después las mejillas empapadas de recuerdos y después los labios. Cúrame este dolor, cariño.

Lo necesito.




*Dibujo original de Sara Herranz

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